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Las enseñanzas que La Isla de las Rosas le dejó al marketing


Hace poco Netflix, en su apuesta por producir más contenido de talla internacional en idiomas diferentes al inglés, agrego a su catálogo la película italiana, La Isla de Las Rosas, que cuenta la fascinante historia de Giorgio Rosa, conocido también como ‘El Príncipe de la Anarquía’.


Giorgio, era un ingeniero italiano que se sentía incomprendido y decidió crear su propio mundo. Valiéndose de las leyes territoriales del momento, construyo una isla de 400 metros cuadrados y la soporto en una estructura de acero. La ubicó a 12 km de la costa Rímini, más allá del punto donde finalizaba la frontera marítima de Italia y la declaró como una nación independiente.


La isla no solo contaba con un restaurante, un bar y una tienda de recuerdos. También tenía su propia bandera, un idioma oficial inventado, una oficina de correos, un presidente, un concejo de ministros y una fuente de agua dulce obtenida de manera subterránea.


Lo que podría parecer un acontecimiento gracioso, llego a ser tratado por la Unión Europea y la ONU. Además, puso en jaque al gobierno italiano y produjo hechos sin precedentes. Por ejemplo, a raíz de esto la Unión Europea decidió extender sus fronteras marítimas para evitar otros casos similares y la República de La Isla de Las Rosas es considerado como el único estado al que Italia ha invadido.


Una historia con estos ingredientes, que nació de una idea creativa, vale la pena hacerle un análisis desde el mercadeo.


Imagen tomada de www.netflix.com

Es vital entender el entorno


En 1968, cuando la isla se inauguró, en Europa se estaban gestando las protestas del mayo francés, existía un malestar mundial por la Guerra de Vietnam y la ola hippie se encontraba ganando fuerza. Por eso, más que crear un lugar de diversión, Giorgio enmarco su proyecto en el concepto creativo de ser un símbolo de la libertad.


Aprovechar el free press marca la diferencia


De manera rápida, la historia causó curiosidad en los medios y produjo incomodidad en el gobierno italiano que empezó a atacarla mediáticamente, relacionándola con un lugar inmoral. Esto fue aprovechado por Giorgio para apalancar el concepto creativo con el que había creado la isla y no tardo en convertirse en un lugar de moda para los jóvenes.


Sin negociación no se llega lejos


Lo que en un principio preocupo al gobierno italiano, es que en la isla no se cumplían las leyes de venta de bebidas alcohólicas y de juegos de azar. Al igual, que no se pagaban impuestos y no había una garantía de seguridad para los ciudadanos que se transportaban desde la costa de Rímini. Giorgio nunca se quiso reunir para aclarar estos puntos, cosa que terminaría por marcar el deceso de la isla.


La estrategia es más importante que las tácticas.


Giorgio, se preocupó por seguir un número de pasos que permitieron construir la isla, al punto que patento tecnología que no existía para ese entonces. Pero nunca creo una estrategia para mantener el proyecto a flote, de hecho, se gastó más tiempo edificándo la isla que teniéndola en funcionamiento. Desestimo un elemento tan crucial como lo es el poder político y militar de Italia.


Foto real de La Isla de Las Rosas. Imagen tomada de www.bbc.com /Gambalunga Civic Library, Rímini.

Como es conocido, la isla desapareció, pero Giorgio hasta sus últimos días siguió siendo un símbolo de rebeldía y de libertad en Rímini. Murió a los 92 años en el 2017, pero meses antes se alcanzó a reunirse con los cineastas y aprobó que su historia fuera contada en una película.


Rodrigo Esteban Delgado A.

Editor, Copy Estándar

info@CopyEstandar.com