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La historia de los osos polares de Coca-Cola


Portada diseña con imagen tomada de: cocacoladechile.cl

Coca-Cola es de ese tipo de marcas que ha tenido gran impacto en la cultura. Con su eslogan ‘Destapa la Felicidad’, se ha apropiado de fechas tan importantes como la navidad, al punto que fue quien le otorgo el color rojo a Papá Noel.


En 1931, Coca-Cola, le propuso al pintor Haddon Sundblom crear un Papá Noel para su campaña navideña. Él se encargó de darle un toque carismático al personaje, representado por un hombre regordete de barba blanca y brillante, con pinta de bonachón a quien todos quieren abrazar. Hasta entonces, la figura de San Nicolás se asemejaba a la estampa de un santo común. Un tipo flaco, pálido, con una barba espesa que portaba un traje de obispo dorado.


Como es de imaginar, con el paso de los años este personaje se convirtió en un elemento genérico y fue perdiendo la representatividad de la marca.


Arrastrando el lastre de las guerras de colas, en donde se enfrentó de una manera feroz contra Pepsi en la década de 1980, Coca-Cola necesitaba un nuevo icono.


Todo el entorno de Papá Noel, que había marcado el éxito en décadas anteriores, estaba siendo sobre explotado por el cine con temas como los elfos, los renos y las aventuras de entregar los regalos. Esto daba como resultado que la propuesta creativa que se necesitaba debía ser transformadora.


La historia que viene a continuación, parece sacada de un cuento de navidad. Ken Stewart, en 1992 tenía la misión de diseñar la nueva campaña. Tras un bloqueo creativo se quedó observando a su perro, un gordo labrador dorado llamado Morgan y esto le dio la inspiración que estaba buscando.


Notó que la silueta de su perro se parecía a la de un oso polar. Acto seguido dedujo que esto lo podía unir con el concepto refrescante que promulgaba la marca y seguir con el hilo conductor de la historia de Papá Noel, al poderlos situar en la nieve del polo norte.


Para la producción Stewart, decidió contactar a la agencia de animación digital Rhythm & Hues porque creía que era la única capaz de reproducir el pelaje de los osos.


Generar el comercial de 30 segundos que se llamó Northern Lights fue toda una hazaña. Se tomó más tiempo del esperado, 16 personas trabajaron tiempo completo durante cuatro meses y para los primeros moldes de arcilla se usó como referencia la cabeza de Morgan.


La manera como la historia se relacionó con la marca fue muy simple, la gente bebe Coca-Cola en el cine, así que los osos polares fueron presentados viendo la aurora boreal mientras disfrutaban de una Coca-Cola.


Los diálogos humanos se suprimieron, con el fin de lograr una narrativa que brindara misticismo y magia. Lo primero que se escucha es el gruñido de un oso y sus pasos en la nieve. Este punto en particular tiene un dato anecdótico, al no poder encontrar un gruñido de oso real, en los bocetos preliminares el propio Ken Stewart grabó con su propia voz los ruidos de los osos de manera provisional, pero termino siendo usado en la edición final.


El comercial no hizo su debut en diciembre, sucedió en febrero de 1993 durante la entrega de los Premios Oscar y fue un éxito inmediato. En ese año se hicieron tres versiones más del comercial, donde los osos polares salían acompañados de cachorros, focas y Papá Noel.


Con el paso del tiempo la marca fue explotando los osos polares como recurso creativo, sobre todo en la temporada decembrina. Así que, si usted ve un Papá Noel rojo o un oso polar adornando la navidad estará frente al legado cultural que ha dejado Coca-Cola en la sociedad.


Rodrigo Esteban Delgado A.

Editor, Copy Estándar

info@CopyEstandar.com

 

Bibliografía

-Villegas S. (2014). Markitendencias: Papá Noel, una víctima de la publicidad. Barcelona,España. Gestión 2000. Pág. 69-71

-Coca-Cola Journey. Cómo nacieron los osos polares de Coca-Cola. Coca Cola Chile. Recuperado de: https://cutt.ly/zhAkOxu

-Patxot R. (2014). Roastbrief: El ilustrador publicitario que inventó a Santa Claus. México. Recuperado de: https://bit.ly/36L9NB1