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Reflexiones finales del 2020


El 2020, un año atípico, lleno de complejidades por una pandemia para la que no estábamos preparados y aunque las noticias de las vacunas dan la ilusión de una luz al final del túnel, lo cierto es que el panorama aún es muy turbio.


La herencia que recibe el 2021 vale la pena analizarla. De las cosas positivas que se pueden encontrar, está el aceleramiento en el crecimiento de los entornos digitales dadas las condiciones del distanciamiento. Donde las empresas que ya tenían funcionando estrategias en este rumbo, por la demanda creciente de estos canales debieron fortalecerlas y quienes no, se vieron en la obligación de buscar la manera recursiva de implementarlas. Siendo común encontrar una especie de ‘ecommerce artesanal’ en donde pequeños y medianos negocios, haciendo uso de aplicaciones de chat como WhatsApp, combinadas con links de pagos o la modalidad clásica de pago contra entrega, les permiten a los clientes ampliar la experiencia de compra respecto al del típico pedido a domicilio por teléfono.


Sectores como el comercio y los restaurantes, por la naturaleza de sus productos, con dificultades y todo, se pudieron adaptar a esto con mayor facilidad. Pero otros mercados, como los de eventos y espectáculo, en donde su propuesta de valor depende de la interacción humana la han tenido más complicada. Aunque en teoría, sus migraciones a formatos audiovisuales parecen sencillos, existe un imaginario colectivo de pensar que todo lo emitido por internet es gratis y cobrar lo mismo por una boleta de un evento físico al de uno virtual no es nada fácil.


Profesiones vinculadas al arte, que muchas veces han sido tildadas de ineficaces para la sociedad, como el cine, la música y la literatura, tuvieron la oportunidad de tener una reivindicación social porque sus producciones fueron de gran ayuda en los momentos más duros de los confinamientos.


Las marcas que se mostraron solidarias en la pandemia, han tenido sus recompensas y lograron afianzar las relaciones con sus clientes, como lo es el caso de Arturo Calle, que se comprometió en no despedir a ningún trabajador y sus canales de ventas nunca permanecieron vacíos.


La publicidad, en esta historia ha estado marcada por un lunar y es el fracaso de todas las campañas sociales para generar conciencia. Basta con abrir cualquier portal de noticias y comprobar los desórdenes sociales. Esto ha provocado el retorno de las medidas restrictivas en varias partes del mundo que han demostrado ser más eficaces que los mensajes persuasivos.


La guerra contra las fake news, en este punto ha sido una tarea ardua. No hace mucho tiempo, las fuentes de donde se alimentaban, solían ser de dudosas procedencias, pero en el afán de conseguir adeptos, grandes líderes políticos de talla internacional y sectores religiosos, han promulgado estas informaciones de manera inescrupulosa, sin tener argumentos de peso. Incitando incluso alteraciones sociales como el hecho de estimular a las personas a no utilizar el tapabocas.


El 2020 empieza a bajar el telón y cada fin de año trae un ambiente esperanzador por el que está próximo a llegar. La misión no es nada simple, han quedado cicatrices y varios mercados se encuentran lastimados, pero lo cierto es que mientras no exista una conciencia social hacía los problemas de la pandemia, será muy difícil llegar a la tan anhelada normalidad que tanto esperamos en el 2021.


Rodrigo Esteban Delgado A.

Editor, Copy Estándar

info@CopyEstandar.com